Pocos serán los que, de vosotros, a éstas alturas no hayan oído hablar de la impresión 3D. Noticias, periódicos, blogs de tecnología… Todos ellos, en algún momento, han hablado de la impresión 3D como una panacea novedosa, que ha venido a revolucionar el mundo tal como lo conocemos. Por una vez no puedo decir que exageren.

Desde el año 2010 se ha empezado a vivir el auge de un concepto nuevo en el entorno del prototipado y el desarrollo de productos, momento en que las impresoras 3D empezaron su andadura en el entorno universitario y empresarial para el desarrollo de prototipos. La disponibilidad inmediata de piezas de calidad suficiente permitía una reducción de los costes y tiempos de desarrollo dando más libertad a los investigadores a la hora de probar conceptos e ideas.

El proceso de impresión en plástico es sencillo. Generalmente primero se calienta una cama o base para mantener el plástico a una temperatura relativamente alta y que no se comprima al enfriarse. Sobre esta cama se deposita un hilo de plástico caliente, del cual se van poniendo capas sucesivas que van conformando, con su grosor, el objeto tridimensional que se desea obtener. Aunque este no es el único método de impresión, si es uno de los mas extendidos.

Yo he podido vivir en mis propias carnes como éstas máquinas son capaces de reducir tiempos de espera para obtener una pieza de plástico de varias semanas a unas pocas horas, aumentando la velocidad de desarrollo de prototipos. Y como con todo lo que es útil en ésta vida y tiene espacio de mejora, desde que yo le di uso esta tecnología no hace más que crecer.

La filosofía Open Source es la que ha facilitado el desarrollo masivo de estas herramientas, pues, desde sus inicios, esta tecnología se ha compartido y desarrollado de manera que cualquiera pudiese contribuir, facilitando la investigación sobre la sólida base del conocimiento compartido.

El futuro que trae la impresión 3D es esperanzador. Cada vez más se ven desarrollos de prótesis complejas de miembros como manos o pies impresas con estos métodos. Mediante impresoras habilitadas para imprimir componentes orgánicos se podrán imprimir los órganos necesarios para trasplantes. Las impresoras 3D metálicas podrán permitir a empresas disponer de recambios y componentes de altísima calidad y precisión inmediatamente, como ya está sopesando hacer Rolls Royce con sus turbinas a una escala industrial, o permitir disponer de repuestos en zonas aisladas o desfavorecidas con solo enviar un archivo 3D de la pieza al lugar indicado. Las posibilidades de la impresión 3D no parecen conocer límites.

Más cerca de lo que pensábamos

Sin embargo, no hace falta desplazarse a ese futuro no tan lejano para ver esta tecnología en acción a un nivel más cotidiano. Cada vez más la cultura del DIY (Do It Yourself o Hazlo tú mismo) impregna nuestras vidas, y en internet se ven objetos impresos de lo más peculiar. Desde accesorios para móviles como soportes o sujeciones para el coche hasta juegos de mesa, piezas de repuesto e incluso una caja de herramientas.

Estas herramientas cada vez se están haciendo más accesibles. Lejos queda el mito de que se necesita ser un experto para poder utilizar y mantener una de éstas maravillas tecnológicas. Si bien es cierto que las impresoras 3D no están exentas de problemas, cada vez hay más empresas dedicadas a hacer impresoras orientadas a “Makers”, que facilitan montaje y mantenimiento a fin de que lo único que ocupe el tiempo sea la creatividad.

Una de estas empresas es M Prime, una empresa española que recoge la filosofía Open Source en el desarrollo de sus productos, con su software publicado online en GitHub e incluso los diseños 3D de las piezas, desarrolladas a su vez con software libre a fin de permitir su libre descarga, modificación y mejora.

Su impresora, la M Prime One, ya está disponible en su página web para su compra por componentes individuales. Dispone de manuales detallados de montaje, cableado y puesta en marcha, incluidas animaciones del montaje que se pueden ver en el programa FreeCAD.

La M’ incluye varias características para facilitar su uso y montaje, sobre las que destaca su sensor de autonivelado. Esto permite retirar la cama de impresión magnética, o la base donde se deposita el plástico durante el proceso de impresión, para una retirada más fácil de las piezas impresas sin necesidad de luego volver a calibrar. Dispone además de un volumen bastante bueno de impresión para una impresora de éstas características (20x15x15 cm) y sobre todo precio.

Aunque todavía no está disponible, en poco saldrá a la venta un Kit de montaje valorado en 299€, disponible desde la página web de M Prime, acercando un poco más esta tecnología a vuestros hogares. Con la electrónica preparada, sin necesidad de soldar y personalizable, la M Prime personalmente me parece una opción asequible que ofrece todo lo necesario para empezar la andadura por el mundo de la impresión 3D de una manera sencilla.

Así que, ¿a que esperáis para acercaros al futuro?

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