El avance en la velocidad de las líneas a través de las cuales accedemos a Internet se ha incrementado exponencialmente en los últimos años. Hemos ido duplicando progresivamente la velocidad, hasta un punto en el que probablemente la “potencia” de la red ha superado en algunos casos a la capacidad de los dispositivos que utilizamos para conectarnos a ella.

Es el sueño de cualquier “freaky” de las nuevas tecnologías, pero antes de abordar en profundidad el tema, debemos dedicar un momento a reconocer que este increíble despliegue tecnológico se ha producido de un modo desigual, garantizando un acceso a Internet (que no podemos olvidar que es un derecho fundamental y universal del ser humano) totalmente desigual; con un gran contraste entre la población urbana que dispone de medios completamente lujosos frente a la población rural que únicamente dispone de conexiones lentas, caras y en muchos casos con consumo limitado.

Todas las compañías tienen actualmente una oferta muy similar. Fibra óptica, 300 megas, línea simétrica… todo ello unido a tarifas que incluyen teléfono, televisión y en algunos casos líneas móviles. Probablemente siga siendo caro (si lo comparamos con nuestros vecinos europeos), pero nos encontramos en un momento en el que la calidad ha aumentado considerablemente y los precios han bajado drásticamente. Un precio que probablemente disminuirá aún más cuando las fronteras europeas desaparezcan en el sector de las telecomunicaciones.

Llegamos al punto clave: Tengo acceso a una gran tecnología, pero ¿merece la pena pagar más por disponer de 300 megas? Es una pregunta complicada, ya que la respuesta depende de cada usuario. Hemos llegado a un punto en que el sector tecnológico sólo vende al gran público utilizando números para sacar pecho. Me da igual que se hable de megapixeles, núcleos en un procesador, o resolución en el panel de un televisor: no siempre un numero más alto es mejor, y por supuesto siempre hemos de buscar lo que mejor se adapte a nuestras necesidades.

Por eso desde Bytelix, hemos decidido dar una serie de pautas para elegir que línea conviene más a cada usuario. En primer lugar debemos pensar en para qué vamos a usar la línea. 300 megas son maravillosos para descargar de forma masiva (jdownloader, utorrent, etc). 30 megas por segundo de descarga real hacen que archivos de gigas se descarguen en cuestión de segundos. También podemos disfrutar de contenido en streaming y en alta definición (y próximamente en UHD) sin ninguna pausa. A parte de estos dos casos, no se me ocurre ningún otro en el que un línea con la mitad de megas no se pueda adaptar perfectamente a cualquier necesidad.

En segundo lugar, y aún más importante es: ¿puede mi dispositivo recibir 300 megas? La velocidad que nos llega a través de un router wifi merece una mención a parte, pero nos centraremos en la línea cableada, que es la única que nos garantiza que nos llegue el 100% de la velocidad contratada.

Para saber si nuestro ordenador es capaz de aprovechar la línea, debemos ir al Centro de redes y recursos compartidos y en el margen derecho pulsar en Cambiar configuración del adaptador.

Seleccionamos el dispositivo, botón derecho y propiedades .

Seleccionamos Cliente para redes Microsoft y pulsamos en configurar.

En la ventana de la izquierda seleccionamos “Velocidad y dúplex del enlace”.  A continuación en la ventana  de la derecha,  si el adaptador es Gigabit Ethernet nos mostrará el valor máximo de “Dúplex completo a 1,0 Gbps”. Si no es así, nuestro ordenador no recibirá más de 100 megas. 

No todos los dispositivos  (sobre todo los más antiguos) están preparados para recibir 300 megas. Por tanto antes de contratar te recomendamos que analices que uso vas a hacer y compruebes que vas a poder disfrutar correctamente de este servicio. Sí ya lo has contratado, ¿que te parece el servicio? ¿Crees que merece la pena contratar una línea tan potente?

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