Contratas 600 megas. El test de velocidad, hecho desde el sofá, marca 240, y Steam baja el último juego a 70 y pico de una unidad que ni siquiera se llama igual. Las tres cifras pueden ser correctas a la vez, porque la operadora, el test y el programa de descargas no miden lo mismo ni en el mismo sitio.
De ese malentendido salen reclamaciones perdidas de antemano y tarifas contratadas de más. La cuenta de qué velocidad de internet necesitas tiene cuatro piezas: las unidades, lo que gasta cada uso, el peaje del wifi y las condiciones del contrato. Ninguna viene hecha en el anuncio.
Y queda una pregunta más, la de si con la tarifa del móvil te puedes ahorrar el internet de casa entero.
Megas, Mbps y MB/s: qué te está vendiendo la operadora
Los 600 megas del anuncio son 600 megabits por segundo. Los 75 que ves en Steam son 75 megabytes por segundo. Y son la misma velocidad escrita en dos unidades distintas, porque un byte agrupa 8 bits y la cifra en megabits sale siempre 8 veces más grande. Para pasar de una a otra basta dividir entre 8. De 600 Mbps salen 75 MB/s; de 300 Mbps, 37,5 MB/s.
Ahí nace casi toda la decepción con la fibra. Quien contrata 600 espera ver un 600 en la barra de descargas, ve 75 y da por hecho que le están quitando el 87% de lo que paga. No falta nada, solo cambia la unidad.

Las redes se miden en bits porque por el cable viajan de uno en uno, y la ingeniería lleva contándolos así desde antes de que existiera la fibra. La unidad no la eligió el departamento de marketing, aunque le venga de perlas: una "fibra de 75" suena a poco, y nadie la anuncia así.
El resto del anuncio se descifra rápido. La bajada es lo que recibes, y es la que gastas casi siempre: vídeo, descargas, la web que carga. Al enviar trabaja la subida, en las videollamadas o al guardar copias en la nube. Y si el contrato pone simétrica, las dos van igual de rápido, que en la fibra suele ser lo normal.
Cuando alguien dice megas a secas casi siempre habla de Mbps, aunque la palabra se confunda con los MB en los que se mide el almacenamiento del móvil.
Cuánta velocidad necesita cada cosa que haces
¿Cuántos megas hacen falta para ver Netflix en 4K? Quince. No es una errata: las cifras oficiales de Netflix piden 3 Mbps para HD, 5 para Full HD y 15 para 4K, y las de Zoom rondan los 4 Mbps para una videollamada de grupo en 1080p. Casi cualquier fibra del mercado da para diez teles en 4K funcionando a la vez.
Con los juegos online pasa algo parecido, aunque el número que importa es otro. La partida en sí mueve entre 1 y 6 Mbps, una miseria; lo que manda es el ping, el tiempo que tarda un paquete de datos en ir al servidor y volver. Con menos de 50 milisegundos vas fino, y a partir de 100 el retraso se siente al apuntar y al frenar.
El ping no se compra con más megas. Depende de la tecnología de acceso y de lo cargada que vaya la red: la fibra lo da bajo casi siempre, la conexión móvil más alto y más cambiante.
Lo que no sale en la tabla es porque no mueve la aguja. Una llamada de voz se apaña con 0,06 Mbps y la música en streaming a máxima calidad con 0,32, así que sumarlas o no da el mismo resultado.
Lo que sí se bebe la conexión entera son las descargas grandes. Un juego de 150 GB baja en poco más de media hora con 600 megas; con 100, la espera pasa de las tres horas. Si en tu casa caen juegos cada semana, este es el único uso corriente donde el escalón de velocidad cambia algo que se nota.
Queda la subida, la hermana olvidada. Trabaja cuando envías archivos grandes, cuando la copia de seguridad sube a la nube y durante toda videollamada, que emite tu imagen sin parar. La fibra simétrica la deja resuelta. Para teletrabajar con correo y documentos sobra cualquier conexión moderna; son las videollamadas las que ponen el listón, y lo ponen en la subida.
Cómo calcular qué velocidad de internet necesitas
Si vas a echar la cuenta, échala con la condición correcta: no sumes todo lo que podrías hacer con internet, suma lo que coincide en tu casa en la peor hora, que suele ser la tarde-noche de un día normal.
Ponle números a una pareja. Una tele en 4K son 15 Mbps, una videollamada larga otros 4, y dos móviles con vídeo en Full HD, 10 más. Treinta megas en el peor momento del día. Doblados por el wifi y el ruido de fondo, 60. Para alguien que vive solo los números encogen todavía más, porque un 4K y el móvil apenas rozan los 20.
Por eso 300 megas dan de sobra en la mayoría de los hogares, teletrabajo y consolas incluidos. Los escalones de 600 y de 1000 se contratan por las descargas gordas y por tener holgura cuando la casa está llena, no porque el streaming los pida.
Por qué no te llega la velocidad que pagas
La velocidad contratada existe en un punto concreto de tu casa, el router. Hasta ahí llega la responsabilidad de la operadora, igual que la del repartidor se acaba cuando deja el paquete en tu portal: subirlo al cuarto piso ya es asunto tuyo. En tu casa, ese último tramo se llama wifi. Y por wifi siempre se pierde algo. Un 30% menos que por cable entra dentro de lo esperable.
El wifi emite en dos bandas y ninguna lo hace todo bien. La de 2,4 GHz llega lejos y atraviesa paredes, pero es lenta y va saturada porque la comparten tus vecinos y hasta el microondas. La de 5 GHz corre muchísimo más y se desinfla en cuanto hay distancia o una pared de por medio. Un piso con el router en la entrada puede dar 500 megas en el salón y 40 en el dormitorio del fondo.

El aparato que recibe también pone su límite. Un portátil con diez años o un móvil barato se quedan cortos por su propia antena, por moderno que sea el router.
El propio router cuenta dos veces: por calidad, que en los de operadora es variable, y por dónde vive, metido en el mueble de la tele o tirado en el suelo de la entrada. Para pisos grandes existen los repetidores y las redes mesh, que reparten la señal entre varias antenas.
Antes de culpar a nadie, mide en condiciones. Conecta un ordenador al router con un cable de red, o ponte a un metro en la banda de 5 GHz, y repite el test ahí. Si por cable llega lo contratado, la operadora cumple y el problema vive en tu wifi. Si por cable tampoco llega, reclama con ese resultado en la mano.
Qué mirar antes de contratar fibra: la velocidad es lo de menos
Después de un artículo entero hablando de megas, la conclusión incomoda un poco: con la fibra que se vende en España, cualquier tarifa corriente cubre de largo lo que una casa gasta. Un buen contrato se distingue de un disgusto en todo lo demás.
Empieza por el precio que queda cuando se acaba la promoción, porque la cifra grande del anuncio suele durar unos meses; sigue por la permanencia, lo que cuesta romperla y si la cuota puede subir a mitad de contrato. Tres líneas de letra diminuta que pesan más que todos los megas del titular.
El router incluido importa si tu casa depende del wifi, y el listón en 2026 es WiFi 6. Comprueba la cobertura exacta en tu portal antes de mirar precios. Y pregúntate si el paquete con tele y tres líneas lo necesitas tú o le conviene a la operadora.
Sobre el escalón de velocidad, a mediados de 2026 subir de 600 megas a 1000 cuesta entre 2 y 5 euros más al mes en la mayoría de operadoras; para las casas de descargas semanales es un seguro barato. Para el resto, con 300 vas servido, y bajar de escalón es de los pocos ahorros que no se notan en nada.
¿Puedes ahorrarte la fibra y tirar solo del móvil?
La cuenta tienta: una tarifa de datos generosa, compartir la conexión del móvil con la tele y el portátil, y una factura menos al mes. En velocidad pura, el plan aguanta. Con buena cobertura, el 5G en España se mueve entre 150 y 300 megas reales, y a mediados de 2026 la señal 5G llega ya a más del 95% de la población.
La trampa espera en la letra pequeña. Muchas tarifas que se venden como ilimitadas solo dan velocidad completa durante los primeros 30 o 50 GB del mes. Después la recortan a 2 Mbps en la versión amable y a 128 Kbps en la tacaña, según la operadora.
Compartir conexión suele venir acotado, y usar la SIM en un router como sustituto de la fibra está prohibido en bastantes contratos; para eso las operadoras venden aparte tarifas de internet 5G para casa.
Y los gigas vuelan. Netflix en 4K consume hasta 7 GB por hora, así que un tope de 50 GB son unas siete horas de tele al mes. Un juego de 150 GB, él solo, se come los gigas de tres meses.
Hay otra pega que casi nadie mira. La conexión móvil suele salir a internet con una IP compartida entre varios clientes, algo llamado CGNAT, que para navegar da igual pero impide abrir puertos y complica acceder desde fuera a lo que tengas en casa, una cámara o un disco en red. El ping, encima, es más alto y más caprichoso que en fibra, y jugando online se nota.
- Velocidad 5G sobrada para streaming y navegación donde hay cobertura
- Una factura menos al mes
- Si te mudas, la conexión se muda contigo
- Los gigas a velocidad completa se agotan, y el 4K los devora
- Compartir conexión va limitado y muchas tarifas vetan la SIM en un router
- Ping más alto y variable, y sin IP propia por el CGNAT
¿A quién le compensa? A quien vive solo, consume sobre todo en el móvil, enciende la tele de uvas a peras y no juega online. Ahí la fibra es un gasto medio dormido. En cuanto hay varias personas, 4K a diario, teletrabajo con videollamadas o descargas grandes, el ahorro se evapora.
La pregunta correcta nunca fue si el móvil da velocidad, que la da. Es si tu mes entero cabe en la letra pequeña de una tarifa.